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Nuestro Patrono
San Juan Pablo II

Karol Józef Wojtyla, elegido Papa el 16 de octubre de 1978, nació en Wadowice (Polonia) el 18 de mayo de 1920. Fue el menor de los tres hijos de Karol Wojtyla y Emilia Kaczorowska.

A partir de 1942, sintiéndose llamado al sacerdocio, asistió a los cursos de formación del seminario mayor clandestino de Cracovia, dirigido por el arzobispo Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del «Teatro Rapsódico», también clandestino. Después de la guerra, continuo sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, abierto de nuevo, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal, en Cracovia, el 1 de noviembre de 1946.

Fue elegido Papa el 16 de octubre de 1978 y el 22 de octubre dio inicio a su ministerio como Pastor Universal de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II realizó 146 visitas pastorales en Italia y, como Obispo de Roma, visito 317 de las 332 parroquias con que cuenta Roma en la actualidad.

El 13 de mayo de 1981, en la Plaza de San Pedro, sufrió un grave atentado. Salvado por la mano maternal de la Madre de Dios, tras una larga convalecencia, perdonó a su agresor y, consciente de haber recibido una nueva vida, intensificó sus compromisos pastorales con heroica generosidad.

Murió en Roma, en el Palacio Apostólico Vaticano, el sábado 2 de abril de 2005, a las 21h 37m, la víspera del Domingo in Albis o de la Divina Misericordia, fiesta instituida por él. Los funerales solemnes en la Plaza de San Pedro y la sepultura en las Grutas Vaticanas fueron celebrados el 8 de abril.

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Dimensiones

La Fundación Universitaria Católica del Sur sustenta su propuesta de formación en las dimensiones de San Juan Pablo II y el Papa Francisco que permiten comprender la Identidad Institucional en coherencia y relación directa con los principios y valores institucionales tal como se observa en la siguiente gráfica:

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Desarrollo Humano
Integral Sostenible

La Iglesia Católica colabora con el desarrollo humano mediante la doctrina social de la Iglesia y con su reflexión teológica. A partir de la fe no se derivan ni sistemas económicos ni modos de gobierno, sino que desde la autonomía de lo temporal se contribuye a buscar soluciones humanas mediante un aprendizaje de la evolución del mundo moderno. Así, la discusión sobre desarrollo ofrece la posibilidad de generar este diálogo inter o transdisciplinar y un lenguaje común con el cual la Iglesia puede manifestarse en el espacio público y tener incidencia en la formulación, implementación y evaluación de las políticas públicas. La ética social cristiana tiene el desafío de abrirse a la discusión racional en el espacio público, realizando una lectura crítica de su tradición y ajustando parte del lenguaje religioso al técnico.

El Desarrollo Humano Integral Sostenible debe ser una apuesta que cambie el enfoque de ver a la persona humana como centro y gestor del desarrollo, hacia una visión biocéntrica y sustentable de todas las formas de vida, donde el ser humano le da un nuevo significado a su relación con la naturaleza (ser), que trasciende desde una conciencia individual hacia una forma de conciencia capaz de sentir como propia, no sólo su necesidad, sino además, la de otro ser humano y de toda otra forma de vida, para aprender a convivir desde la diversidad; asume corresponsablemente la manera como se apropia del mundo y es consciente de las formas de intervención que genera el agotamiento irreversible de los recursos naturales (Ley de la entropía). Lo anterior requiere de la existencia de significaciones, cosmovisiones, lenguajes y paradigmas que hacen una apuesta por la sustentabilidad de la vida, que reconstruyen nuevas formas de ser, estar, hacer y tener en el mundo para recuperar la racionalidad de reciprocidad, equilibrio y armonía con la naturaleza.